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30 DE JUNIO DE 1911
Fundación de los Regulares

En la España de finales del siglo XIX y principios del XX, especialmente durante las sangrientas campañas de Marruecos, existían dos mecanismos legales para evitar el servicio militar, conocidos popularmente como las «redenciones», en dos modalidades: el pago directo de una cuota (1.500 a 3.000 pesetas; una cantidad enorme, pues un obrero ganaba unas 3 pesetas diarias) o la sustitución por un hombre que aceptaba ir a la guerra a cambio de un pago. Este sistema fue el detonante de grandes conflictos internos en España, ya que convertía la defensa de la patria en una «contribución de sangre» casi exclusiva de las clases bajas.

El origen de las fuerzas indígenas al servicio de España se remonta a 1508, con los «mogataces» o «renegados» reclutados para la conquista de Orán, los «Moros Tiradores del Rif» (Melilla, 1859) y la «Milicia Voluntaria de Ceuta» (1887). Posteriormente, existieron unidades de carácter irregular denominadas «gums, cabilas o harkas», mandadas por oficiales españoles y constituidas para una misión concreta y temporal. Una vez terminado el motivo de su creación, se disolvían; de ahí el nombre de «irregular». Tras el fracaso del voluntariado por su baja remuneración, se optó por el personal indígena, creando la Policía Indígena en 1909. Estas unidades empezaron con tropa aguerrida y mandos dispuestos, pero con el paso del tiempo se evidenció una disminución de su eficacia. Ante el coste de vidas peninsulares y el buen resultado de las unidades indígenas, el Ministerio de la Guerra decidió regularizar al personal autóctono y encuadrarlo en unidades permanentes; de ahí el nombre de «Regulares».

En 1911 se encomendó al teniente coronel de Caballería Dámaso Berenguer Fusté la creación de esta unidad, a la que dotó, gracias a su conocimiento de la idiosincrasia indígena, de una uniformidad propia y de un código de valores basado en la disciplina. En 1913, siendo ya general, estuvo al mando de una Brigada Provisional en Marruecos, de la que formaban parte los recién creados Regulares, que demostraron su valor en la lucha contra los rebeldes en las montañas del Rif. Tras el éxito, en 1914 se decidió crear los cuatro primeros grupos —equivalentes a regimientos— de Fuerzas Regulares Indígenas. Cada uno de los grupos se formó con dos tabores —batallones— de infantería, compuestos por tres compañías, y un tabor de caballería con tres escuadrones. Pese a que la mayor parte de la tropa y de los suboficiales era de origen marroquí, se estipuló que la mitad de los suboficiales y uno de cada cinco soldados fuesen europeos, al igual que toda la oficialidad, como era normal en las tropas coloniales. El primero de los grupos se constituyó con las «Fuerzas Regulares Indígenas de Melilla», que el 1 de junio de 1915 cambió su denominación por la de «Grupo de Fuerzas Regulares Indígenas Melilla n.º 1», quedando ubicado en Tetuán, donde se encontraba desde junio de 1913. En diciembre de 1916 quedaron constituidos el Tetuán n.º 1, Melilla n.º 2, Ceuta n.º 3 y Larache n.º 4, y en 1922 se creó la unidad más condecorada de la historia del Ejército español: el Alhucemas n.º 5.

Tal fue el valor en combate de estas unidades que recibieron 19 cruces laureadas de San Fernando colectivas y 61 individuales. Aunque al principio las tropas indígenas no tenían derecho a poseer bandera propia, su sacrificio en combate les hizo merecedoras de tal honor, y cada uno de los grupos fue obteniendo su rojigualda; la primera, el Ceuta n.º 3.

Como unidad de Infantería del Ejército de Tierra, además de las misiones encomendadas en territorio nacional y dentro del Mando Operativo Terrestre, el Grupo de Regulares de Melilla n.º 52 es responsable de la custodia y el mantenimiento de instalaciones, así como de la preservación del medio ambiente en las islas y peñones de soberanía del Norte de África, como el peñón de Vélez de la Gomera y la isla de Alhucemas. Además, participa en cuantas misiones dentro y fuera de nuestras fronteras se le ha requerido.

Ahora, como antes, en los desfiles en que participa el Ejército, las unidades de Regulares destacan gracias a sus uniformes color garbanzo, el «tarbuch», gorro típico de color rojo, los correajes de cuero repujado —«sulham», o capa de paño en color rojo para Melilla y azul para Ceuta, y «alquicel», o capa blanca cuando se lleva sulham, a modo de forro interior—, un paso propio y los acompasados movimientos de sus uniformes. Un orgullo para España.

Manfredo Monforte Moreno

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