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En el convulso panorama de la Restauración borbónica, apenas tres meses después de la proclamación de Alfonso XII como rey —el 14 de enero de 1875—, surgió la necesidad de dotar a la Corona de una escolta ecuestre idónea para sus desplazamientos extramuros del palacio. Así, por Real Decreto de 19 de abril de 1875, publicado en la Gaceta de Madrid el día 22 del mismo mes, se crea «un escuadrón encargado de mi escolta fuera de Palacio, que se denominará de Escolta Real». La creación de esta unidad se encuadra en una larga tradición española iniciada ya por los reyes godos, que disponían de un pequeño y selecto grupo de soldados para su protección y seguridad inmediatas. Siguieron esa tradición —y necesidad— los monarcas de la Casa de Trastámara, los de la Casa de Austria y los Borbones hasta la actualidad.
Un reglamento posterior, de 13 de mayo del mismo año, precisó su uniformidad y armamento, evocando la Guardia de la reina Isabel II, sin coraza, pero con la prestancia castrense propia de la época. Sus funciones primordiales abarcaban la guardia militar, los honores solemnes y las escoltas a la Familia Real, extendiéndose a jefes de Estado extranjeros en visitas oficiales.
Su plantilla fundacional, establecida en el mismo Real Decreto, la componían un coronel primer jefe, un teniente coronel segundo jefe, dos comandantes, cuatro capitanes y tres tenientes, hasta un total de 143 componentes, todos ellos del Arma de Caballería. En 1876, y bajo el mando del coronel Pedro Girón Aragón —duque de Ahumada—, el escuadrón participó en la campaña del Norte contra los carlistas, acompañando al monarca en su entrada triunfal en Pamplona el 28 de febrero, y sellando con su despliegue su lealtad al Trono.

El 31 de mayo de 1906, Alfonso XIII contrajo matrimonio con Victoria Eugenia de Battenberg y, durante el traslado a palacio desde la basílica de los Jerónimos, al pasar frente al número 88 de la calle Mayor, les fue arrojada una bomba escondida en un ramo de flores. Los reyes salieron ilesos, pero murió un coracero, el soldado José Márquez García, del escuadrón de la Escolta Real, y resultaron heridos varios miembros del escuadrón, así como el coronel jefe de la Escolta, posteriormente general de división, don Juan José de Nieulant y Villanueva. Destacó por su ejemplo de serenidad en el atentado y fue recompensado con la Cruz Roja de tercera clase del Mérito Militar pensionada.
El escuadrón fue disuelto el 14 de abril de 1931, con la proclamación de la II República, aunque se creó una unidad equivalente hasta que fue restablecido en 1975 con la instauración de la Monarquía parlamentaria.
La Guardia Real adquirió su configuración orgánica actual como regimiento por Orden del Ministerio del Ejército de 31 de diciembre de 1975, denominándose Regimiento de la Guardia Real. En él se integra el ahora denominado Escuadrón de Lanceros, bajo el mando de un capitán y tres tenientes; consta de sección de plana mayor, escuadra de batidores, banda de cornetas y tambores, dos secciones de coraceros y dos secciones de lanceros, con 116 caballos de pura raza española —tordos para lanceros y batidores, castaños para coraceros—. Forma parte del Grupo de Escoltas, rindiendo honores en relevos solemnes, desfiles, presentación de credenciales de embajadores a S.M. el Rey y custodias en el Palacio de la Zarzuela y Reales Sitios. Recientemente, se ha conmemorado el 150.º aniversario de la creación del Escuadrón de Escolta de la Guardia Real.
Tomas Torres Peral