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El 5 de abril de 1926 constituye una fecha histórica para la aviación militar española. Ese día despegaron del aeródromo de Cuatro Vientos (Carabanchel, Madrid), con destino a Manila, los tres aviones que integraron la «Patrulla Elcano».
Como antecedente de esta proeza, puede afirmarse que la historia de la aviación militar comenzó con la llegada, el 11 de marzo de 1911, de los primeros aviones Henri Farman al aeródromo militar de Cuatro Vientos. Los ingenieros militares fueron los pioneros de este novedoso servicio, al que posteriormente se irían incorporando componentes de otros Cuerpos y Armas, e incluso oficiales de la Armada y de la Guardia Civil.
Entre los grandes acontecimientos que acaecieron en la aviación militar de esta época, y en línea con la política de prestigio de Miguel Primo de Rivera y el simbolismo que representaba para la nación, en la década de 1920 se llevaron a cabo una serie de gestas, como los conocidos tres grandes vuelos o raids de larga distancia, pioneros en la época: el Plus Ultra, la Patrulla Elcano y la Patrulla Atlántida.
El raid Plus Ultra, en el que se empleó un hidroavión Dornier Wal, fue el primero que sobrevoló el Atlántico entre Europa y América del Sur, concretamente hasta Argentina, mientras que la Patrulla Atlántida voló desde España a Guinea Ecuatorial. Entre ambas misiones se llevó a cabo la célebre Patrulla Elcano, en la que se utilizaron tres aviones Breguet XIX, pilotados por los capitanes de infantería Rafael Martínez Esteve y Eduardo González-Gallarza, y el capitán de artillería Joaquín Loriga Taboada, acompañados cada uno de ellos por los mecánicos sargento Eugenio Pérez, cabo Joaquín Arozamena y soldado Pedro Calvo.
Como se ha dicho, el 5 de abril de 1926 despegaron los tres aparatos desde el aeródromo de Cuatro Vientos con destino a Filipinas. Fue un viaje muy accidentado, ya que durante su trayecto, previsto en cuatro etapas y 17.000 kilómetros de recorrido, el avión de Esteve se vio obligado a realizar un aterrizaje de emergencia entre El Cairo y Bagdad a consecuencia de una avería en el motor.
A pesar de esta contingencia, los otros dos aparatos continuaron su viaje. Pero la fatalidad volvió a repetirse cuando, días más tarde, el avión de Loriga tuvo que tomar tierra en China por un fallo en el motor. Ante el temor de que la llegada del avión de repuesto coincidiera con los monzones, los capitanes Gallarza y Loriga decidieron continuar el viaje en el avión del primero, quedando en tierra los dos mecánicos a la espera de reparar el aparato averiado. Finalmente, después de más de 106 horas de vuelo, el 13 de mayo aterrizó en Manila el único aparato superviviente.
Diego Quirós Montero