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3 DE SEPTIEMBRE DE 1864
Explosión catastrófica en una fábrica de Alfred Nobel

La dinamita es un explosivo compuesto por nitroglicerina, una sustancia explosiva líquida a temperatura ambiente y muy inestable que, al ser absorbida en un medio sólido (inicialmente diatomita, roca porosa formada por caparazones silíceos de diatomeas), se convierte en un explosivo más estable. La dinamita fue inventada por Alfred Nobel en 1866, sustituyendo rápidamente a la nitroglicerina para aplicaciones industriales y de minería. Desempeña un papel muy importante en trabajos de cantería, construcción de carreteras y vías férreas y en general en cualquier obra que precise el movimiento de masas rocosas. Unos años antes de su invento, Nobel disponía de algunas instalaciones para la fabricación de nitroglicerina. Tal vez la invención de la dinamita tenga su origen en la búsqueda del químico por formas estables de su componente explosiva que evitase nuevas desgracias como la de 1864 en una de sus fábricas de glicerina o la pérdida de uno de sus hermanos al manipular el producto.

Desde hacía tiempo se buscaba un sustituto de la pólvora para usar en la minería y cantería, algo que cobró especial importancia con el desarrollo del ferrocarril, para el cual había que abrir túneles, una tarea que resultaba lenta y difícil con la pólvora. Durante sus estudios de química en Francia, Nobel se había interesado por la nitroglicerina, que a pesar de tener una gran potencia resultaba muy peligrosa de manejar y transportar.

También a finales del siglo XIX se produjo una innovación disruptiva al cambiar la pólvora negra como elemento propulsor de las armas de fuego durante más de seis siglos por la llamada pólvora sin humo. La irrupción de las pólvoras de base nitrocelulósica (con el radical -NO2 en su formulación) aprovechaba el descubrimiento (1838, Payén) de un constituyente de fórmula (C6H10O5)n correspondiente a un polímero monosacárido presente en las paredes celulares de la madera al que se dio el nombre de celulosa. Antes, en 1833, Braconnot había nitrado productos de origen vegetal obteniendo sólidos muy inflamables (xiloidinas). En 1845 Schönbein patentó el algodón-pólvora, aunque su industrialización produjo varios siniestros (una fábrica en Inglaterra, un gran almacén en Francia y otro en Austria desaparecieron tras una enorme explosión). El químico Abel llegó a la conclusión de que las explosiones en masa se debían a la falta de estabilidad del producto; para conseguirla, Mendeleyev (1891) disolvió nitrocelulosa en éter-alcohol abriendo el camino a las pólvoras coloidales y a la famosa pólvora B de Vieille. Con estos avances, los tubos artilleros empezaron a crecer en longitud gracias al dominio de la progresividad de los propulsantes y sus alcances llegaron a cuadriplicarse.

Ya en el siglo XX la investigación se orientó a la seguridad de la fabricación de estos compuestos y a explotar las infinitas oportunidades que proporciona la química orgánica para el desarrollo de nuevos compuestos más energéticos y manipulables, cuya última expresión son los explosivos y pólvoras de baja vulnerabilidad.

Manfredo Monforte Moreno

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