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23 DE SEPTIEMBRE DE 1925
La Legión en el asalto al monte Malmusi: un lugar singular en la memoria legionaria

El desembarco de Alhucemas, llevado a cabo por la coalición hispanofrancesa e iniciado el 8 de septiembre de 1925, constituyó el gran punto de inflexión en la Guerra del Rif, cuatro años después del traumático desastre de Annual, en 1921. Tras establecer la cabeza de puente en el corazón territorial de la rebelión encabezada por Abd el-Krim, era necesario ocupar las alturas que enmarcaban la bahía de Alhucemas, desde las cuales los rifeños hostigaban continuamente las posiciones españolas. Entre ellas destacaba el macizo de Malmusi, cuya toma permitiría asegurar el dispositivo y garantizar el avance español hacia el interior del Protectorado.

23 DE SEPTIEMBRE DE 1925. La Legión en el asalto al monte Malmusi: un lugar singular en la memoria legionaria
Mandos de la VII Bandera de la Legión, con el general Leopoldo Saro, tras el desembarco de Alhucemas, en septiembre de 1925, al inicio de la toma del monte Malmusi (Archivo fotográfico del Tercio 3.º de la Legión).

Quince días después del desembarco, el 23 de septiembre, tuvo lugar la durísima operación de asalto. Se trató de una acción compleja, debido al abrupto terreno, que dificultaba extraordinariamente el avance, y a la feroz resistencia rifeña, acantonada en trincheras y posiciones escalonadas. En ella intervinieron tropas de choque de la Legión, Regulares, harkas, mehalas jalifianas y unidades de Infantería peninsular y de Infantería de Marina, con el apoyo de la artillería, la aviación y otros elementos de la fuerza expedicionaria.

La Legión desempeñó un destacado papel en este dispositivo. Las VI y VII Banderas, integradas en la columna del general Leopoldo Saro Marín, participaron en los violentos combates por el monte Malmusi y los Cuernos de Xauen, mientras que las II y III Banderas, adscritas a la columna del general Emilio Fernández Pérez, operaron en el sector de Malmusi Bajo, Morro Viejo y Cala del Quemado.

Prueba de la dureza del combate fue el elevado número de bajas sufrido por las tropas legionarias, que ascendió a unas 200, entre ellas cuatro oficiales y 46 legionarios fallecidos. Estas bajas se produjeron en el marco de una lucha violenta, habitualmente a corta distancia y basada en asaltos sucesivos sobre las posiciones enemigas. Otra prueba del heroísmo demostrado fueron las dos Cruces Laureadas de San Fernando concedidas, a título póstumo, al alférez Antonio Navarro Miegimolle y al teniente José Espinosa de Orive, pertenecientes a la VI Bandera, además de numerosas condecoraciones y distinciones por méritos de guerra otorgadas a los participantes en estas operaciones. Ambos, al frente de sus hombres y en circunstancias de extraordinario riesgo, continuaron el combate pese a resultar heridos, hasta encontrar la muerte durante el asalto.

La toma de Malmusi permitió consolidar y ampliar la cabeza de desembarco de Alhucemas. La eliminación de las fuerzas enemigas de las posiciones dominantes facilitó las posteriores operaciones sobre Monte Palomas, Adrar Seddum, Amekran y Axdir. La iniciativa estratégica del conflicto bélico pasó definitivamente a las fuerzas españolas, que fueron progresivamente eliminando la resistencia rifeña hasta la rendición de Abd el-Krim en 1926 y la posterior pacificación del Protectorado.

Pero esta gesta adquirió, además, una especial dimensión simbólica en la memoria colectiva legionaria, pues en las lomas de Malmusi encontraron la muerte, el mismo día, los dos primeros caballeros legionarios que, según la historiografía de diferentes épocas, se alistaron en el Tercio de Extranjeros: el brigada Marcelo Villeval Gaitán y el sargento Carlos Espresati de la Vega.

El marsellés Villeval fue considerado el primer legionario de la historia durante 90 años, aunque recientemente se ha constatado que se alistó como ciudadano belga en el Banderín de Enganche de Figueras el 10 de marzo de 1922. Por su parte, el ingeniero gaditano Espresati formalizó su alistamiento en el Banderín de Enganche de Ceuta el 20 de septiembre de 1920 y fue reconocido oficialmente como el primer caballero legionario mediante la Orden de Mando Extraordinaria de la Legión n.º 3, de 5 de abril de 2021, tras redescubrirse los documentos acreditativos de ambos alistamientos. Al margen de esta controversia histórica, los dos legionarios quedaron inscritos, por su heroica muerte, en el Libro de Oro de la Legión.

Malmusi representa, de esta forma, una doble efeméride legionaria: una victoria táctica fundamental en el camino hacia la resolución de la Guerra del Rif y, al mismo tiempo, un lugar con una poderosa carga simbólica. Allí, la historia de los primeros hombres que acudieron a la llamada del Tercio en 1920 quedó unida, por azares del destino, cinco años después, al sacrificio en combate.

En pocas ocasiones de la rica historia militar española resulta tan visible la continuidad entre los orígenes de una unidad militar, su espíritu fundacional y su abnegada entrega a la defensa de España.

Francisco López Muñoz

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