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Ceuta, situada en el extremo norte de África frente al estrecho de Gibraltar, tiene orígenes fenicios y cartagineses. Posteriormente, estuvo bajo el dominio de romanos, bizantinos y visigodos, antes de la conquista musulmana del año 709. A principios del siglo XV, la ciudad era un importante enclave comercial bajo control del sultanato de Marruecos (dinastía meriní, en declive). Estaba habitada principalmente por población bereber y árabe musulmana. Sus habitantes vivían del comercio con el Levante, Egipto y Libia, de la abundante pesca de atún en sus aguas y de la explotación y exportación de coral. Por otro lado, Ceuta era conocida como refugio de piratas berberiscos que asaltaban las costas y el tráfico marítimo ibérico y vendían allí sus presas y botines.
La conquista fue impulsada por el rey Juan I de Portugal por motivos políticos, estratégicos y religiosos. Políticamente, buscaba afirmar la dinastía de Avis, consolidar la independencia portuguesa frente a Castilla y crear un espacio de valoración económica y social para la nobleza. Religiosamente, respondía al espíritu de cruzada contra los musulmanes, legitimado por bulas papales que presentaban la guerra contra los infieles como servicio a Dios y a la Iglesia. La expedición se organizó en el verano de 1415. La flota, que estaba compuesta por unos 200 navíos, zarpó de Lisboa el 25 de julio y se reunió en Lagos (Algarve). El rey Juan I ejercía formalmente el mando de la expedición. Sin embargo, el mando efectivo correspondió a sus hijos, los infantes Duarte, Pedro y Enrique. Contaba con unos 20.000 combatientes (algunas fuentes elevan esta cifra), mayoritariamente portugueses. También había contingentes de mercenarios ingleses, franceses y alemanes.

La armada llegó frente a Ceuta el 21 de agosto de 1415 e inició el ataque por la mañana. La ciudad fue tomada al anochecer de ese día. La rápida conquista marcó, según el consenso histórico, el inicio de la expansión portuguesa y la época de los Descubrimientos. Por otra parte, abrió la proyección de Portugal hacia el norte de África y las rutas atlánticas.
En 1580, con la unión ibérica, Ceuta pasó a la corona de España junto con Portugal, bajo el reinado de Felipe II. Tras la separación de la corona portuguesa en 1640, la ciudad permaneció bajo soberanía española por voluntad de sus habitantes. Esta situación se ratificó oficialmente mediante el Tratado de Lisboa de 1668, que reconoció la pertenencia de Ceuta a España.
En la actualidad, Ceuta es una ciudad autónoma española, integrada en la Unión Europea. Este lugar que, según la mitología, sirvió de base a una de las columnas de Hércules, sigue manteniendo una importancia estratégica que hace honor a su sobrenombre de «Llave del Mediterráneo».
José Manuel Roldán Tudela