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El 9 de julio de 2026 se cumplen 280 años del fallecimiento del rey Felipe V. Su figura puede contemplarse desde muchas vertientes, tanto políticas como militares y hasta psicológicas y patológicas. Su reinado se vio jalonado por hitos históricos tan importantes como la implantación de una nueva dinastía en España, la de los Borbones, tras la muerte del último «Austria», Carlos II, en 1700. También, por sus victorias militares en la llamada Guerra de Sucesión contra los Países Bajos, Austria e Inglaterra, en las batallas de Almansa (1707), Brihuega (1710) y Villaviciosa (1710), y por los consecutivos Tratados de Utrech y Rastatt de 1713-1714, por los que se perderían territorios europeos, entre otros, Menorca y Gibraltar. También es conocido por su insólita abdicación por motivos de salud en su hijo Luis I, abdicación luego revertida tras la muerte de éste pocos meses después.
Sin embargo, poco se habla de este monarca en el plano cultural y científico, pese a que en su tiempo se fundaron la Biblioteca Nacional y las Reales Academias de la Historia, de la Lengua y la de Medicina a imitación de las academias francesas.
Felipe V hablaba un correcto español y era un gran conocedor de El Quijote, sobre cuyas andanzas mandó confeccionar unos magníficos paños a la Real Fábrica de Tapices de Santa Bárbara, diseñados por Procaccini. Parte de una de esas series dedicadas a Las Aventuras de Don Quijote está expuesta al público en el Salón Quijote y en el Comedor de Gala del Palacio de Buenavista, sede del Cuartel General del Ejército de Tierra.
Mónica Ruiz Bremón