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De todos es bien conocido que, durante los conflictos bélicos, se produce un notable avance tecnológico y que las guerras actúan como detonantes drásticos de innovaciones científicas para superar las capacidades del adversario. En muchas ocasiones, los beneficios que se han logrado con el empleo de medios y equipos destinados al bienestar social se han convertido en instrumentos bélicos «más eficaces» para los enfrentamientos marciales; sirvan como ejemplo el uso de la energía nuclear, que tanto ha aportado al mundo de la medicina, o la aviación, que produjo uno de los mayores avances de la sociedad de comienzos del siglo XX.

Para corroborar este aserto, hay que tener en cuenta que fue durante la Revolución Francesa cuando la aerostación, que apenas contaba con seis años de existencia desde el primer vuelo del globo de los hermanos Montgolfier, avanzó rápidamente. El Comité de Salvación Pública, ante el peligro de la amenaza representada por la coalición de países que atacó el territorio francés, fue el responsable de tomar todas aquellas decisiones que considerase necesarias para organizar la defensa del país.
Quizá una de las decisiones más controvertidas fue la que llevó a este comité a adoptar la idea del químico francés Morveau de utilizar los globos como medios de observación para realizar reconocimientos de los campos de batalla, levantamientos topográficos y corrección del tiro de las piezas de artillería. Este comité tomó la decisión de crear, en 1794, la primera Compañía de Aerostación de la historia. Esa nueva unidad aérea actuó por primera vez el 26 de junio de 1794 (5 de mesidor del año segundo, según el calendario de la República) en la primera batalla de Fleurus. El mariscal Jourdan utilizó por primera vez en la historia un globo cautivo para observar al adversario. Los globos fueron utilizados también en las batallas de Mauberg, Charleroi, Maguncia y Stuttgart. Ante la eficacia del nuevo medio de observación, los franceses crearon una segunda Compañía de Aerostación para ser usada en la expedición de Napoleón a Egipto.
Juan Andrés Toledano Mancheño