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El 9 de junio de 1809 concluyó el combate que logró expulsar de Galicia al ejército napoleónico. Dos días antes, la división española, mandada por el coronel Pablo Morillo y compuesta por unos 10.000 hombres mal equipados, había decidido enfrentarse a los 8.000 infantes armados con fusiles y a los 1.200 jinetes de élite del mariscal Ney.
El lugar elegido se encontraba cerca de Pontevedra, junto al río Verdugo, que los franceses solo podían cruzar por dos puentes: Sampayo, que, por precaución, había sido parcialmente volado, y Caldelas, situado a 12 km. Dos cañones navales emplazados en una loma y algunas lanchas cañoneras en el río dificultaban el paso al ejército francés.
El primer día de combate, el 7 de junio, Ney no consiguió cruzar el puente de Sampayo y ordenó la retirada al anochecer. Al día siguiente, intentó atravesar el Verdugo por el puente de Caldelas, pero las lanchas cañoneras, los fusileros y los 200 campesinos que se unieron a la defensa se lo impidieron. Su último ataque, a cargo de la artillería, tampoco logró el objetivo. El 9 de junio, Ney ordenó la retirada definitiva.
Con un coste de 600 bajas en las tropas francesas y 110 entre muertos y heridos en las españolas, Galicia quedó definitivamente fuera del alcance del emperador y se avivaron los ánimos en la Guerra de la Independencia.
Susana García Ramírez