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La Revolución de 1854, prueba de fuego para la Guardia Civil
Eduardo Martínez Viqueira
Academia de las Ciencias y las Artes Militares
Sección de Historia Militar
El 30 de junio de 1854 se enfrentaron en Vicálvaro las tropas sublevadas bajo el mando del general Dulce, seguidor de O´Donnell como cabeza visible del levantamiento, con las tropas gubernamentales del general Bláser. Aquel enfrentamiento, con incierto desenlace, seguido de la publicación del Manifiesto de Manzanares el 7 de julio, de la mano de Cánovas del Castillo, dio lugar en pocos días a una revolución de dimensiones absolutamente imprevistas y gran violencia callejera.
La Guardia Civil concentró en la capital toda la fuerza del 1º Tercio de Madrid, al mando del brigadier Alós, para hacer frente a la revuelta, pero pronto se vio desbordada por la situación y la ausencia de instrucciones claras para hacerle frente. Una tercera parte de la escasa guarnición que había permanecido en Madrid durante los días 17, 18 y 19 de julio, los más sangrientos de la revuelta, estaba constituida por los efectivos de la Guardia Civil, lo que determinó que su actuación adquiriera un gran protagonismo, a costa de sufrir numerosas bajas.
Aquella actuación decidida provocó una reacción de abierta hostilidad de los sectores más radicales y de cierta prensa que, finalizada la revuelta, pidieron la disolución de la Guardia Civil, y penas de muerte y otros castigos para los oficiales y demás componentes. El duque de Ahumada fue cesado como Inspector General de la Guardia Civil y sustituido por el teniente general Facundo Infante Chaves. Hombre de absoluta confianza del general Espartero, Infante Chaves defendió fervientemente a la Guardia Civil, lo que fue determinante para que se recuperara la confianza en la Institución, que superaba aquella prueba de cambio ideológico.