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Fragatas, fragatas, fragatas…
José M. Blanco Núñez
Academia de las Ciencias y las Artes Militares
Sección de Historia Militar
Esta comunicación sostiene que, en el contexto estratégico y marítimo actual, España necesita más fragatas de las actualmente previstas si quiere cumplir con solvencia las misiones asignadas a la Armada. Parte del célebre grito de Nelson, «¡fragatas, fragatas, fragatas!», y enlaza las campañas napoleónicas con las exigencias del poder naval contemporáneo. La información, la seguridad de las rutas y la capacidad de presencia y respuesta siguen siendo funciones esenciales de estos buques.
El texto repasa los grandes vectores de la condición marítima española: peso del tráfico comercial y energético por mar, protección medioambiental, auge de los cruceros, pesca lejana y marina científica e industrial. Menciona la actividad en la Antártida y la labor hidrográfica y oceanográfica. Añade la importancia de la náutica deportiva y de los puertos deportivos como fuente de riqueza para la economía nacional.
Sobre esa base, el autor recuerda que una nación marítima no puede eludir una presencia naval activa en los espacios de interés. Cita el Estrecho, el Mediterráneo y escenarios lejanos como Somalia o el Golfo de Guinea. También recuerda los compromisos con la OTAN, que absorben de forma permanente una parte fija de la fuerza de escoltas.
El artículo celebra la botadura de la Bonifaz, primera fragata F-110. Valora positivamente la futura serie de cinco unidades, pero advierte de que sustituirán a las seis F-80. España quedará así con solo diez fragatas (cinco F-100 y cinco F-110), cifra que se juzga insuficiente para proteger grupos de combate, cumplir obligaciones aliadas y sostener operaciones de acción marítima.
El autor reclama al menos una fragata adicional, además de los Buques de Acción Marítima previstos. Subraya que el poder naval no descansa solo en los cascos, sino también en dotaciones profesionales, adiestradas y motivadas. Destaca, por último, la necesidad de bases y arsenales modernizados y concluye que, si España quiere mantener su lugar internacional y garantizar sus intereses marítimos, debe seguir haciendo suyo el grito de Nelson: más fragatas para una Armada a la altura de sus responsabilidades.