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El 8 de septiembre de 1522, Juan Sebastián de Elcano llegó a Sevilla a bordo de la nao Victoria, culminando la primera circunnavegación del globo. El rey Carlos I le recibió en Valladolid, ciudad en la que residió cerca de tres años, entre 1522 y 1525. Allí, el rey le concedió una pensión vitalicia de 500 ducados anuales y, el 20 de mayo de 1523, un escudo de armas cuyo timbre mostraba un orbe con la leyenda «Primus circumdediste me» («Fuiste el primero en circunnavegarme»).
En 1525, Carlos I organizó una nueva expedición a las islas de las Especias para asentarse en las Molucas, incorporarlas a la Corona y asegurar el comercio de especias. Al frente puso a García Jofre de Loaysa, comendador de la Orden de San Juan, y nombró a Elcano piloto mayor y capitán de la nao Sancti Spiritus. La empresa, de marcado componente vasco, contaba con siete naves y unos 450 hombres.
La armada zarpó de La Coruña el 24 de julio de 1525. Tras aprovisionarse en La Gomera, se dirigió al estrecho de Magallanes. La travesía acumuló reveses: tempestades, naufragios, deserciones como la de la San Gabriel y la pérdida de la Sancti Spiritus. Al cruzar al Pacífico, el escorbuto comenzó a diezmar a las tripulaciones.
El 6 de agosto de 1526, hace ahora quinientos años, Juan Sebastián de Elcano falleció en el océano Pacífico, a bordo de la nao Santa María de la Victoria, víctima del escorbuto. Once días antes, el 26 de julio, había dictado testamento a Andrés de Urdaneta, reconociendo a sus dos hijos naturales y nombrando administradora de sus bienes a su madre, Catalina del Puerto. Al día siguiente, 7 de agosto, su cadáver fue envuelto en un sudario y atado a una tabla. Con un peso, fue entregado al mar con la misma ceremonia que había dedicado a Loaysa. Así halló sepultura el primer circunnavegante de la Tierra, lejos de Guetaria, la villa que le vio nacer y no volvió a ver.
José Manuel Roldán Tudela