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25 DE AGOSTO DE 1580
Batalla de Alcántara

La Batalla de Alcántara fue el episodio decisivo de la crisis sucesoria portuguesa abierta tras la muerte del rey Sebastián I en Alcazarquivir (1578) y la posterior desaparición, sin herederos, de su tío Enrique I en 1580. Felipe II de España, hijo de Isabel de Portugal y nieto de Manuel I, reclamaba el trono por línea materna legítima. Por otro lado, don Antonio, prior de Crato, hijo ilegítimo del infante Luis, se proclamó rey en junio de 1580. Ante la negativa portuguesa de aceptar a un monarca extranjero, Felipe II optó por la vía militar y encomendó la campaña al veterano III duque de Alba, Fernando Álvarez de Toledo. El duque, de 73 años, era famoso por sus campañas en Italia y Flandes.

«Don Fernando Álvarez de Toledo». Atribuido a Tiziano. Óleo sobre lienzo. Palacio de Liria. Madrid.

Las fuerzas en presencia reflejaban un claro desequilibrio. El ejército español, reunido en Badajoz, contaba con unos 35.000–40.000 hombres, incluyendo veteranos de los Tercios españoles, alemanes e italianos, con experiencia en campañas europeas. Frente a ellos, las tropas portuguesas del prior de Crato sumaban unos 25.000 infantes y 2.500 jinetes, en su mayoría milicianos y campesinos voluntarios, inferiores en número, instrucción y disciplina.

El desarrollo de la batalla fue rápido y contundente. Las tropas españolas avanzaron hacia Lisboa y se enfrentaron a los portugueses en Alcántara, cerca de la capital. Los Tercios del duque de Alba, mejor organizados y con artillería superior, rompieron las líneas enemigas. La resistencia portuguesa fue débil y desordenada. En pocas horas, el ejército del prior de Crato quedó deshecho y la vía a Lisboa despejada. Al mismo tiempo, en el estuario del río Tajo, las galeras de Álvaro de Bazán, marqués de Santa Cruz, derrotaron a las del Prior de Crato y se apoderaron de 840 piezas de artillería.

El resultado fue una victoria completa para España. Los portugueses perdieron unos 4.000 hombres entre muertos y capturados, frente a unas 500 bajas españolas. Lisboa se rindió dos días después, y Felipe II fue coronado rey de Portugal, iniciando la unión ibérica (1580–1640).

La batalla tuvo importantes repercusiones. Para España, consolidó el apogeo del Imperio bajo Felipe II, uniendo las coronas ibéricas y sus rutas ultramarinas. Para la Historia Universal, alteró el equilibrio de poder en Europa y los océanos, convirtiendo a la monarquía hispánica en la primera potencia global de la época.

José Manuel Roldán Tudela

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