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18 DE FEBRERO DE 1839
Nacimiento del almirante Pascual Cervera Topete
El almirante Pascual Cervera Topete nació en Medina Sidonia el 18 de febrero de 1839. Ingresó muy joven en el Colegio Naval y desarrolló una brillante carrera marcada por el servicio en Filipinas, donde destacó tanto en acciones de guerra como en trabajos hidrográficos. A lo largo de su vida profesional asumió destinos de alta responsabilidad, incluyendo el de ministro de marina entre diciembre de 1892 y marzo de 1893.
En 1897, Cervera fue nombrado comandante de la Escuadra de Instrucción, en un contexto marcado por la insurrección en Cuba y el creciente interés de Estados Unidos por intervenir en el conflicto. Consciente de la situación de sus buques, advirtió reiteradamente al Gobierno sobre la inutilidad militar del sacrificio que se avecinaba. No obstante, tras la declaración de guerra por Estados Unidos, obedeció con lealtad y disciplina las órdenes recibidas y zarpó hacia las Antillas.
Tras una travesía llena de dificultades, la escuadra entró en Santiago de Cuba el 19 de mayo de 1898, quedando de inmediato bloqueada por fuerzas navales estadounidenses muy superiores. Durante semanas, Cervera cooperó activamente en la defensa de la plaza, integrándose en el dispositivo en tierra, hasta recibir orden de salir a combatir.
Consciente de que la destrucción de la escuadra era prácticamente inevitable, decidió hacerlo de día y en mar abierto, buscando minimizar el número de víctimas en la batalla.
El 3 de julio de 1898, a bordo de su buque insignia, el crucero Infanta María Teresa, encabezó la salida de la escuadra española de la bahía de Santiago. La estrechez de la bocana obligó a los buques a salir en línea de fila, entrando en combate de uno en uno frente a una escuadra enemiga desplegada en mar abierto. La acción concluyó con la destrucción de la escuadra española y marcó el final de un ciclo histórico de casi cuatro siglos de presencia española en América.
Hecho prisionero tras el combate, Cervera fue tratado con honores por sus adversarios, que reconocieron su valor personal, dignidad y caballerosidad. De regreso a España, hubo de afrontar incomprensiones y un consejo de guerra que finalmente restituyó su honor. Falleció en 1909, tras más de medio siglo de servicio a la Armada, dejando como legado un ejemplo perdurable de ética militar, lealtad al deber y sentido del honor, incluso en la derrota.
Benigno González-Aller Gross