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12 DE FEBRERO DE 1541
Fundación de Santiago de Nueva Extremadura

La fundación de Santiago de Nueva Extremadura o Santiago del Nuevo Extremo, como también se le conocía, hoy Santiago de Chile, el 12 de febrero de 1541, marcó el inicio efectivo de la organización española en el actual territorio chileno. Más que un simple asentamiento, la nueva ciudad fue concebida como centro político, administrativo, agrícola y estratégico desde el cual irradiar la ocupación del valle central y articular el naciente reino.

Estatua de Pedro de Valdivia en el cerro Santa Lucia

El lugar elegido por Pedro de Valdivia no fue casual: el valle del Mapocho ofrecía agua permanente, suelos fértiles y una posición resguardada entre brazos del río y elevaciones como el cerro Huelén —rebautizado Santa Lucía—, que permitía vigilar los alrededores. Además, era una zona habitada y cultivada por poblaciones indígenas, lo que evidenciaba su potencial productivo y su importancia territorial.

Aquel 12 de febrero de 1541, hace 485 años, se procedió a trazar la ciudad según el modelo urbano español, con planta en damero. El alarife, maestro de obras, Pedro de Gamboa marcó la cuadrícula desde el punto donde se alzó la cruz fundacional, estableciendo manzanas regulares de 138 varas (115 metros) separadas por calles de 12 varas (10 metros). En el centro se ubicó la Plaza Mayor, núcleo cívico, religioso y militar. A su alrededor se asignaron solares para la iglesia, el palacio del gobernador y el Cabildo, mientras los demás se distribuyeron entre el resto de los ciudadanos. No obstante, las primeras construcciones fueron precarias a base de madera, barro y paja. Paralelamente a la construcción, se organizó el Cabildo de Santiago, que asumió las funciones de gobierno, justicia, defensa y administración del territorio.

Además, regulaba el abastecimiento, el uso y distribución de tierras, la seguridad y la vida cotidiana, actuando como verdadero eje del poder local durante los primeros años. Los comienzos fueron extremadamente difíciles pues la ciudad carecía de recursos minerales, la producción agrícola era todavía incipiente y la resistencia indígena fue constante. El episodio más dramático ocurrió el 11 de septiembre de 1541, cuando el cacique araucano (mapuche) Michimalonco atacó e incendió la ciudad. Los españoles sobrevivieron refugiados en una empalizada junto a la plaza, tras la cual se levantó una muralla de adobe para reforzar la defensa. Durante años, Santiago de Chile fue poco más que un campamento fortificado sometido a escasez de recursos y amenazas permanentes.

Con el tiempo la posición de la ciudad se consolidó. La habilitación del puerto de Valparaíso permitió una comunicación más fluida con el Perú, asegurando refuerzos y suministros y Santiago pudo desarrollar su agricultura, sus instituciones y su vida urbana. En reconocimiento a estos progresos, la Corona otorgó a Santiago el título de ciudad y un escudo de armas en 1552, distinción que confirmó su papel como capital del reino de Chile.

La fundación de Santiago en 1541 estuvo profundamente ligada a la figura de Santiago Apóstol como patrono militar y protector espiritual. Pedro de Valdivia invocó su advocación guerrera —el Santiago ecuestre, símbolo de la lucha cristiana— en un contexto de conquista y guerra fronteriza con los araucanos. El santo no solo dio nombre a la ciudad, sino sentido providencial a su origen pues se le consideraba intercesor activo en batalla y garante del dominio español. Su devoción articuló la fe, la guerra y la monarquía, convirtiéndolo en eje religioso-político de la nueva urbe americana.

Tomás Torres Peral

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