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El 10 de julio de 1821, en San Agustín, la ciudad más antigua de fundación española del actual territorio continental de los Estados Unidos, se consumó la entrega de la Florida Oriental a EE. UU. El coronel José María Coppinger y López de Gamarra, militar español nacido en La Habana e hijo de padre irlandés, hizo entrega formal de la plaza al coronel Robert Butler, comisionado al efecto por el general Andrew Jackson.

Con la arriada de la bandera española en el castillo de San Marcos, concluían más de tres siglos de presencia española en la Florida, iniciados con el desembarco de Juan Ponce de León en 1513 y solo interrumpidos por el paréntesis británico de 1763 a 1783.
La entrega no fue consecuencia de una capitulación, sino la ejecución del convenio suscrito en Washington el 22 de febrero de 1819 por el ministro plenipotenciario español Luis de Onís y el secretario de Estado John Quincy Adams, titulado Tratado de amistad, arreglo de diferencias y límites. En virtud de ese acuerdo, se cedían las Floridas a cambio de que los Estados Unidos asumieran las reclamaciones de sus ciudadanos contra España y se fijara una frontera transcontinental que preservaba Texas para la Corona.
Fernando VII ratificó el tratado en octubre de 1820, y las ratificaciones se canjearon en febrero de 1821.
La entrega se completó el 17 de julio, en Pensacola, donde el gobernador de la Florida Occidental, José María Callava, transfirió la provincia al propio Andrew Jackson.
José María Coppinger y José María Callava no entregaron un territorio derrotado, sino cedido conforme a derecho. El hecho de que la Florida pasara a la soberanía de Estados Unidos mediante tratado, y no por conquista, explica en parte la persistencia de instituciones, legislación y títulos de propiedad españoles que los tribunales norteamericanos hubieron de reconocer durante décadas.
Tomas Torres Peral