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13 de octubre de 2026.
La Academia de las Ciencias y Artes Militares (ACAMI) y la Asociación de Diplomados de Altos Estudios de Defensa Nacional (ADALEDE) organizaron el 13 de octubre, en el Real Casino de Madrid, la jornada «Efectivos y reserva de las Fuerzas Armadas españolas. Una evolución imprescindible». El encuentro abordó la necesidad de adaptar la carrera militar, reforzar las reservas y mejorar los sistemas de movilización.
Durante la jornada se analizó el rearme de los países de la Unión Europea ante las advertencias de los servicios de inteligencia sobre una posible invasión rusa en un plazo de unos cinco años, con independencia del desenlace de la guerra en Ucrania. También se señaló que la Estrategia de Seguridad Nacional estadounidense, publicada el pasado diciembre, pone en cuestión el vínculo transatlántico.
La duración e intensidad de la guerra en Ucrania, próxima ya a la de la Segunda Guerra Mundial, ha impulsado la reacción europea. Según lo expuesto en el encuentro, todos los países europeos han elevado su presupuesto de defensa por encima del 2% del PIB. En este contexto, se destacó la necesidad de contar con fuerzas militares preparadas y equipadas, respaldadas por una reserva operativa capaz de afrontar una guerra convencional de alta intensidad.
En cuanto al reclutamiento, se indicó que diez países de la UE mantienen el servicio militar obligatorio y otros diez cuentan con ejércitos profesionales voluntarios. Los siete restantes combinan distintas fórmulas de servicio obligatorio, voluntario o fuerzas paramilitares. Todos están aumentando sus efectivos y reservas.
El encuentro subrayó el cambio que supone pasar de pequeñas fuerzas profesionales, altamente tecnificadas, a contingentes numerosos. También se destacó el elevado consumo de misiles y drones, comparado con el de cartuchería durante la Segunda Guerra Mundial.
Frente a las operaciones expedicionarias de apoyo a la paz de las últimas tres décadas —unas once de la UE en el marco de las misiones Petersberg y unas ocho de la OTAN, descritas como breves durante la jornada—, el escenario actual exige operaciones prolongadas de defensa territorial. Como ejemplo, se citó la guerra en Ucrania, que se prolonga desde hace cuatro años y medio.
La comparación con otros países del entorno puso de relieve la reducida dimensión de la reserva española. Según los datos presentados, representa el 3,4% de los efectivos, frente al 23,2% de Francia, el 32,5% de Alemania, el 22,6% del Reino Unido y el 9% de Italia.
Otro de los ejes del debate fue la adaptación de la carrera militar a una generación cuyas circunstancias difieren de las existentes cuando se aprobó la Ley 39/2007, de la carrera militar. Se citaron la conciliación, el empleo de ambos cónyuges y la necesidad de tomar decisiones conjuntas.
Entre las propuestas expuestas figuró elaborar una nueva ley orientada a generar capacidad militar y situar la disponibilidad como elemento esencial de la profesión. También se planteó recoger en una misma norma la condición militar de oficiales, suboficiales, tropa y marinería; atender al mérito, la capacidad y la voluntariedad; aprovechar el talento, y flexibilizar la carrera del generalato.
La planificación de las reservas debe permitir cubrir cada puesto tanto ante amenazas compartidas como no compartidas. Durante la jornada se insistió en que la experiencia acumulada en misiones de paz y ayuda humanitaria no basta para afrontar el actual escenario de operaciones de alta intensidad.
El desgaste del personal y la necesidad de relevarlo o cubrir bajas, de forma individual o colectiva, se identificaron como cuestiones fundamentales. Su respuesta requiere definir las reservas necesarias, disponer de un sistema de movilización eficiente e implicar a toda la sociedad.
También se abordó el perfil tecnológico del soldado de 2035 y la necesidad de contar con reservas capaces de desenvolverse en entornos de ciberseguridad, ante el uso de drones, inteligencia artificial y armas autónomas. A ello se añade la exigencia de actuar conforme a reglas de enfrentamiento que los adversarios no siempre aplican.
En este contexto, se defendió una reforma legislativa que establezca un sistema sólido y eficiente de generación de fuerzas de reserva y movilización, entendido como parte de la disuasión.
El sistema del militar de complemento, creado en 1918 para completar las escalas de oficiales, se presentó como una opción de futuro que podría ampliarse a suboficiales y tropa.
La propuesta plantea integrar esta figura en una ley única de la carrera militar, con compromisos de una duración media de ocho años, ampliables hasta doce. El personal accedería desde la vida civil, aportaría sus conocimientos técnicos y recibiría la formación adecuada. Su vinculación no generaría derechos de permanencia y, al finalizar el compromiso, podría optar a la reserva voluntaria.








