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2 DE FEBRERO DE 1536
Expedición del adelantado Pedro de Mendoza. Primera fundación de Buenos Aires

Buenos Aires según Ulrich Schmidel. Cronista de la Expedición de Mendoza

El 2 de febrero de 1536, festividad de la Candelaria, quedó asociado para siempre al nacimiento simbólico de Buenos Aires. Aquel día, la expedición de Pedro de Mendoza levantó en la ribera del Río de la Plata un asentamiento al que dio el nombre de Puerto de Nuestra Señora de Santa María del Buen Aire. Fue un enclave militar y logístico, pero el nombre, cargado de devoción mariana y de esperanza náutica, perduró hasta convertirse en seña de identidad de toda una ciudad.

La Virgen del Buen Aire y la fe marinera

La advocación no fue casual. Los marineros españoles, muy especialmente los andaluces que nutrían buena parte de la dotación, eran devotos de la Virgen del Buen Aire, venerada en la actualidad en Sevilla. A ella se encomendaban antes de cruzar el Atlántico, pidiendo vientos favorables y protección ante tormentas, enfermedades y naufragios. Entonces, la navegación oceánica era una empresa incierta y peligrosa y, por ello, la fe cumplía una función tan psicológica como espiritual. Virgen muy marinera, en efecto, y nombrar el nuevo puerto en su honor era un acto de gratitud y, a la vez, una súplica para que ese buen aire, buen viento, buen destino, buena travesía, acompañara a la expedición.

Un territorio hostil e inesperado

La expedición de Mendoza había partido con gran ambición: fundar poblaciones, abrir rutas de exploración hacia el interior y consolidar la presencia hispánica en el extremo sur del continente. Sin embargo, el territorio resultó mucho más complicado de lo imaginado. Las crónicas de la época describen un paisaje de grandes llanuras inhóspitas, clima extremo, mosquitos, inundaciones y una geografía poco apta para la agricultura. A ello se sumaron las tensiones con los nativos, en especial los querandíes, cuya buena relación inicial de intercambio pronto derivó en enfrentamientos violentos.

Hambre, asedio y destrucción del asentamiento

En ese territorio hostil, el hambre se convirtió en el enemigo más implacable. Las provisiones se agotaron, las expediciones en busca de alimentos fracasaban y el debilitado asentamiento quedó sitiado por los querandíes. Los testimonios hablan de escenas extremas y de una profunda desesperación, que revelan hasta qué punto aquella fundación fue precaria. El asentamiento de ranchos de paja, levantado con urgencia, tampoco ofrecía defensa frente a los ataques de los indígenas ni frente al fuego.

Monumento a Pedro de Mendoza en Buenos Aires

Finalmente, hacia mediados de 1536, un asalto indígena e incendios generalizados arrasaron el poblado. Además, parte de la flota en el puerto también resultó dañada. El proyecto de Mendoza quedó desmoronado y el adelantado, enfermo y desacreditado, lo abandonó poco después.

Por ello, el Buenos Aires primigenio desapareció casi tan rápido como había surgido, dejando apenas un recuerdo, algunos restos dispersos y un puñado de vacas y caballos que, con el tiempo, transformarían la economía de la pampa.

De la primera fundación a la Buenos Aires definitiva

Sin embargo, el nombre de la Virgen del Buen Aire sobrevivió. Años más tarde, en 1580, Juan de Garay, trasladándose desde Asunción, realizó la segunda fundación retomando aquella advocación mariana y marinera para la ciudad y el puerto. Así, la ciudad de Buenos Aires hunde sus raíces en la fe marinera, en la invocación a la Virgen sevillana. Nació entre plegarias, incertidumbre y violencia, y su primera desaparición, junto con el fracaso del adelantado Pedro de Mendoza, su primer fundador, forma parte inseparable de su identidad histórica.

Tomás Torres Peral

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