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27 DE NOVIEMBRE DE 1907
Aprobación en las Cortes de un plan para rearme naval

El 27 de noviembre de 1907 se celebró en las Cortes una denominada «sesión patriótica» en la que el presidente del Consejo, don Antonio Maura, presentó una propuesta de rearme naval. La propuesta, aprobada por todos los grupos políticos con tan solo tres votos en contra, dio lugar a la aprobación de la Ley de Organización Marítima de 7 de enero de 1908, más conocida como «Plan Ferrándiz».

Tras las derrotas de Cavite y Santiago de Cuba, la Armada había perdido prácticamente toda su capacidad operativa. Las unidades disponibles únicamente permitían un mínimo control de las aguas territoriales. Por otro lado, la industria española tenía carencias en aspectos como blindajes, sistemas de propulsión y artillería de gran calibre. Todo ello en un momento en el que en Europa se vivía una carrera armamentística naval protagonizada por el Reino Unido y Alemania.

En su primer gobierno, Maura ya había planteado la necesidad de reconstituir una Armada potente y, en paralelo, potenciar la capacidad de la industria naval española. En su segundo gobierno, llamado «largo», volvió a contar con el entonces capitán de navío José Ferrándiz y Niño, que fue el alma de una trascendental reforma de la Armada.

La sesión de Cortes del 27 de noviembre autorizó la elaboración de un plan con una concepción verdaderamente moderna. Su finalidad ya hablaba de la necesidad de defender «la autonomía y la integridad territorial de la Nación». Su contenido alcanzaba diferentes ámbitos. En el plano orgánico se potenciaba el Estado Mayor Central y la Jefatura de Construcciones Navales. En cuestiones de personal profundizó la racionalización de cuerpos y escalas que ya había iniciado en su primer ministerio, y cuando tuvo vacante para el ascenso a almirante amortizó su propia vacante.

En el ámbito de material presentó un completo programa de dotaciones, por importe total de 198.654.000 pesetas, de los que 169.380.000 eran para la construcción de tres acorazados, tres destructores, cuatro cañoneros y 21 torpederos. El plan contemplaba también la adecuación de las infraestructuras de los Arsenales y la construcción de unidades auxiliares. Entre las disposiciones para el desarrollo industrial se planteaba que «se procurará eficazmente hacer radicar en el reino la fabricación de los efectos más útiles e importantes para la Armada» y que:

La contratación del Estado con entidades industriales se hará mediante concurso público, reservando a los productos, al trabajo y al capital nacionales la participación mayor que sea posible… y cuidando de obtener cooperaciones extranjeras de las más acreditadas y probadas, como primordial garantía técnica.

El resultado del plan se materializó, entre otras cosas, en la construcción de los tres acorazados clase España y en la constitución de la Sociedad Española de Construcciones Navales. Pero, sobre todo, sentó las bases de la Armada moderna.

Carlos Calvo González-Regueral

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